¿Hablas de sexualidad con tus hijos? (¡Qué fuerte empiezo hoy, eh!) Seguramente que si tu edad está entre los cuarenta y pocos y los cuarenta y todos, la respuesta sea: «¡No hay forma!» Y es que la comunicación padres-adolescentes es muy complicada y más casi en este tema.

Ahora mismo tenemos la suerte de que la educación afectivo-sexual está en las aulas y podemos aprovecharnos de ello para hablar sobre este tema (¿tabú?) con nuestros hijos.

En el caso del instituto de mis hijos hemos tenido la suerte de que durante varias semanas tuvieran varias charlas con profesionales de Amaltea sobre la educación afectivo-sexual. Y antes de hablar con ellos, hablaron con nosotros, los padres.

Educación afectivo-sexual en las aulas con Amaltea

Estefanía Sáez fue la sexóloga encargada de hablar con nosotros ¡Qué charla tan divertida! ¡Qué buena comunicadora! No dejéis de pasar por su blog en el que tratan este y otros muchos temas. Lo cierto es que me dio un poco de envidia (sana) su facilidad para hablar sobre el tema de la educación afectivo-sexual de nuestros hijos.

Está claro que tal y como dice Estefanía Sáez, de Amaltea, somos la generación del silencio en cuanto a sexo se refiere: nuestros padres no hablaban con nosotros del temita, y ahora tampoco lo hacen nuestros hijos.

No es fácil hablar con un adolescente, eso ya lo sabéis. Ponemos mucho empeño en mantener un diálogo lo más fluido posible con ellos pero en muchas ocasiones solo recibimos monosílabos como contestación (y eso si hay suerte). Pero no debemos rendirnos. Desde Amaltea nos aconsejan tener la «actitud-martillo»: no valdrá con un solo golpe, pero sí con la suma de varios. ¡A repetirse toca amigos!

Y en este post de su blog nos dan una serie de pautas para hacer esa comunicación padres-adolescentes un poquico (nos conformamos con ese poquico) más fluida. Os resumo un poco:

  • Si son ellos los que preguntan y ¡nos da un yuyu con la preguntita! porque no sabemos cómo responderla, debemos centrar el tema. Es decir, intentar saber qué esperan con esa pregunta.
  • Respirar y tomar aire antes de responder
  • Sinceridad, eso ante todo, también sinceridad emocional, que seguro que es la que más nos cuesta.
  • Que no nos de miedo contar de más. Si nuestros hijos quieren saber más, ya sabéis dónde van a ir a buscar la información … y quizá en Internet no encuentren la «mejor» información.

Estefanía nos habló de la «identidad sexual», que es el sentimiento de pertenencia a uno u otro sexo (independientemente de los genitales que tengamos). La identidad sexual no se elige. ¿Y si nuestro hijo/a no se siente del sexo de sus genitales? ¿Imagináis lo duro que tiene que ser para él/ella ser «diferente» en esta edad? Y ¿sin poder contarlo? Nuestros hijos tienen que saber que hay distintas sexualidades, tantas como personas, porque cada uno la vivimos y sentimos de un modo diferente.

Otro de los «peligros» a los que nos enfrentamos los padres con hijos adolescentes es la normalización de la pornografía que ven por Internet (sí, tu hijo también la ve) . Y si nosotros no les aclaramos ciertas cuestiones, van a pensar que eso que están viendo es la realidad y todos sabemos que hay mucho efecto especial por ahí. Echad un vistazo a este interesante artículo sobre la pornografía.

Una serie que nos ayudará a iniciar conversaciones

También nos puede ayudar a iniciar conversación con nuestros hijos adolescentes la serie «Sex Education» de Netflix. Con dos temporadas ya en la plataforma y con sus seguidores esperado impacientes la tercera temporada, Sex Education pone encima de la mesa muchas cuestiones todavía tabúes entre padres e hijos: aborto, homosexualidad, acoso, feminismo, virginidad, agresiones homófobas…

Y lo hace con humor, desenfado, información, respondiendo a muchas preguntas que se hacen nuestros adolescentes. Y sobre todo hablando no solo de sexo, sino también de afecto. ¡Ojo! No es una serie «facilona», tiene alguna escena algo cruda, pero para nada alejada de la realidad.

Pues ya veis, que en cuestión de educación afectivo-sexual hay muuuuucho que hablar con nuestros hijos. ¿Te atreves a iniciar la conversación? Espero que después de este post te lo plantees.

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